Poder Económico
Reforma laboral imposible

No hay lugar a la más mínima duda que para que México y los mexicanos, como en cual­quier otro país en el mundo, avancen en procurar hacer realidad la anhelada calidad de vida, que parte desde la perspectiva de lo laboral, y se requiere que cada uno: los integrantes de las di­versas colectividades que convergen en la sociedad, cumplan con su parte, que el empleador y/o empresa­rios retribuyan a sus traba­jadores de manera justa y remunerada, pero que tam­bién éstos cumplan a caba­lidad con la función que les corresponde, ser eficientes y, por ende, productivos.
En teoría así se plantea y así debe ser, para que como nación se orienten todos los esfuerzos hacia la ruta del progreso. La realidad que se vive en la actualidad es otra: El marco jurídico la­boral que prevalece desde hace ya una centuria, aun con sus ajustes cosméticos, está por demás rebasado, ahora es toda muralla que impide recuperar el ideal.
Sólo que para lograr este escenario debe reconocer­se, por aquellos que no lo entienden, o tal vez así lo aparentan, por convenir a sus intereses, que se re­quiere de adecuar el articu­lado constitucional, en este caso el 123, y la Ley Federal del Trabajo, a la realidad presente y futura. Que que­de claro, sin conculcar dere­cho alguno y lícito ya esta­blecidos que corresponden a la equidad y respeto a la calidad humana.
Esta es la ocasión, y no otra, para que sindicatos de tra­bajadores y los patrones, con el concurso de las secre­tarías de trabajo, de la Fede­ración así como las locales y los Congresos de la Unión y los estatales –que son quie­nes al final de cuentas legiti­man toda ley-, unifiquen cri­terios. Las reformas al marco jurídico no pueden demorar más.
No está a discusión, ni mu­cho menos debe ser negocia­ble, derechos, que costaron sangre y muertes, a la huel­ga, la jornada de ocho horas de trabajo, el día de descaso, y el período vacacional, jubi­lación y pensión así como la aspiración natural a preten­der desarrollarse, a crecer dentro de sus centro laboral, a laque bien se podría sumar un seguro de desempleo, como sucede en Europa y Es­tados Unidos.
En la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, desde legislaturas pasadas hasta la actual, se tienen re­gistros al menos unos 120 planteamientos orientados hacia un nuevo marco jurí­dico laboral, iniciativas de reforma constitucional y a la ley secundaria, que por lógica se canalizan al ámbito de las comisiones, pero que no pasan de allí ante postu­ras encontradas, las más de las veces viscerales que con­sideran el tema como tabú: prohibido.
Mientras que en el pasado la adecuación al marco jurídico laboral no trascendió has­ta hacerse realidad –que no es exclusivo sino que ya es recurrente con otras tantas, que demanda el progreso del país- ante la resistencia arrai­gada de no asumir los costos políticos.
Ahora que se impulsa deci­didamente –indistintamente de ideologías-, al menos en el papel se pretende consoli­dar ese nuevo marco jurídico laboral, uno que sea auténti­camente estructural, integral que se sustente el presente, que sea vanguardista, y no coyuntural, oportunista.
Sin embargo, al parecer quie­nes están en la oposición, que lejos de ser consecuente se manifiestan en contrario, sin importarle en lo más mí­nimo que el país y sus colec­tividades continúen sumidas en la mediocridad y en la po­breza en todos los órdenes.
Quienes así se manifiestan toman como bandera, ya desgastada, en el sentido de que con estas adecuaciones se pretende beneficiar estric­tamente a los hombres del capital, a las oligarquías eco­nómicas nacionales y extran­jeras cuando que en realidad esos grupos antagónicos se niegan a perder esos cotos de poner que tienen a su fa­vor en mucho a las preben­das otorgadas a los líderes sindicales que no, se precisa, a los integrantes de los mis­mos: los trabajadores. Líde­res que traicionan a quienes desde antes de 1906, con las huelgas mineras, ofrendaron su vida porque hubiera un trato humano y justo en el te­rreno de la actividad laboral.
Esa confrontación entre gru­pos envía un mensaje distor­sionado hacia la ciudadanía, que desafortunadamente desdeña el análisis y docu­mentarse en torno al tema aquí expuesto.